Así es cómo puedes manipular tu cerebro y el de OTRAS PERSONAS


Hay millones de personas allá afuera escribiendo libros sobre cambiar nuestras vidas tan sólo usando las palabras correctas. Si bien crees en esto, el cerebro humano es una máquina que está influenciada de mil cosas distintas. Por eso algunas personas pueden convencerte, mientras que otras no ¿Qué harías si te contáramos que hay una serie de cosas que puedes hacer para lograr cambiar la mente de las personas? En este artículo, los escritores Paul Pickett y Lacey Pickett te darán una serie de consejos para lograr esto:

1. Repetir tu opinión hace que la gente crea en ella, sin importar que tan tonta sea


Sí, esto lo podrías haber averiguado por ti mismo, basta con escuchar a los políticos en la radio: Dilo muchas veces y la gente lo creerá. Por ejemplo ¿Cuántos de ustedes creen que de verdad Al Gore inventó el internet? Él nunca lo dijo, pero muchos comediantes lo repitieron suficientes veces como para que se transformara en algún tipo de verdad. Es la misma razón por la que quienes se oponen a las vacunas mantienen su posición, incluso cuando provocan que las enfermedades se propaguen rápidamente. Ellos simplemente “escucharon” que eran peligrosas. Eso es todo lo que se necesita: escucharlo una y otra vez, incluso si la información viene de un extraño o un completo idiota.


La razón por la que funciona:

Diversos estudios han descubierto que sólo se necesita un individuo que repita una opinión 3 veces para que las posibilidades de que convenza a 3 personas diferentes suba al 90%. Así es como funcionan las teorías de conspiración y los políticos ¿No? Investigadores de la Universidad de Michigan han denominado este fenómeno como“distorsión de la memoria”, ya que básicamente se trata de un fallo en el cerebro donde se unen la repetición y el asumir ciertos hechos, lo que nos hace tener ciertas creencias sobre las opiniones que nos son más cercanas.

Lo que lo hace tan terrible es el hecho que todo lo que se necesita para cambiar tus creencias es un loco. Un estudio probó que al tener 3 personas tratando de convencer a un grupo, versus 1 sola persona, la gente que escuchó a un solo individuo repetir una cierta opinión era 3 veces más susceptible a cambiar su propia visión que el otro grupo.Lo que significa que incluso aunque nos demos cuenta que se trata de una sola persona hablando cosas que no son ciertas, aún así hay probabilidades de que le creamos. En otras palabras, aquellos que son lo suficientemente obsesivos o pesados como para repetir una mala idea una y otra vez, probablemente tienen una ventaja natural sobre la sociedad.

2. ¿Quieres recibir cosas? Imita a los demás


Si trabajas en algo que implique que las propinas hacen gran parte de tu sueldo, es crucial que tus clientes te vean como alguien suficientemente simpático como para premiarte. Qué suerte que puedes llevarlos al punto donde será más posible que lo hagan. Todo lo que necesitas hacer es repetir las últimas palabras de lo que dicen(bueno eso, y en general no ser pesado ni enojarte porque querían más palitos de pan, pero esperamos que esto sea obvio). Este truco es parte de un set de técnicas que todos los políticos y artistas conocen: puedes hacer que la gente se ponga de tu parte, y hagan cosas por ti, con sólo imitarlos.
La razón por la que funciona:

Luego de diferentes estudios se ha probado el poder de la imitación en situaciones sociales. Los humanos son animales sociales y pensamos: ‘Esta persona es como yo, por lo tanto debo ayudarlo”. Se comprobó que los clientes tendían a comprarle más a aquellos vendedores que repetían frases que ellos mismos usaban o ciertos gestos.Así es, ni siquiera tiene que ser verbal. De hecho, en otra investigación se comprobó que si el investigador imitaba la postura y el lenguaje corporal de su sujeto, la posibilidad de que lo ayudase a recoger una caja de lápices que había botado subía al triple.

En el mismo estudio alemán, observaron un restaurante y calcularon cuánto sería una propina promedio. Luego, le indicaron a la mesera que repitiese la mitad de lo que sus clientes le decían al pedir algo. Ella simplemente repetía las típicas cosas que dicen los clientes (“Queremos eso ahora mismo” o cualquier cosa parecida). Las propinas que adquirió al imitar a los clientes subieron un 68% comparado con las recibidas anteriormente. Sin tomar en cuenta factores tales como la exactitud de la orden o el tiempo de espera, tan sólo escuchar lo mismo, los ponía en un estado de ánimo más positivo.

Por supuesto, existe un límite al imitar a alguien. Puedes probarlo al imitar algunas personas en tu trabajo, repitiendo cada una de las cosas que dicen y ver cuánto tiempo pasa antes que se den vuelta e intenten matarte.

3. Resiste las tentaciones diciendo “No lo hago” en vez de “No puedo hacerlo”


La razón principal del fracaso de las dietas tiene que ver con la complicada psicología que existe en temas como los antojos. Imagina la siguiente situación: tienes un amigo que está haciendo dieta y usualmente puedes saber que tan bien les ha resultado con un par de palabras. Cuando les muestres una dona o algo frito ¿Te comentan que “no pueden comer algo como eso”? Si es así, probablemente están destinados al fracaso, porque lo que debiesen responder es ‘”no como esas cosas”.

La razón por la que funciona:

Se llevó a cabo un estudio en el cual se le pedía a los participantes responder con ambas frases cuando se les ofrecía un snack y luego se les pedía comentar que tan en control de la situación se sentían después. Se les daba a escoger entre una barra de granola y una barra de chocolate. Un 64% de quienes respondieron “no como esas cosas” (chocolate) decidieron comer la barra de granola, mientras que sólo el 39% de quienes dijeron que “no podían comer el chocolate” lo hicieron.

El resultado tiene mucho sentido, ya que el “no lo hago”’ sugiere que el ítem deseado no es parte de la vida del individuo, es algo que han eliminado y una decisión que han tomado personalmente. Por otro lado, el decir “no puedo” significa que hay una razón externa que les impide obtener lo que realmente quieren, y si esta condición (por ejemplo, una dieta temporal) no existiese, se comerían todos los chocolates que pudiesen. Dicho con otras palabras, una de estas frases los hace sentir en control, mientras que la otra trae consigo el sentido de la deprivación.

4. Llevar a cabo un ritual antes de comer hace que la comida tenga mejor sabor


Estamos acostumbrados a los rituales y a los hábitos, especialmente cuando se trata de comida. Si celebras tu cumpleaños comes pastel mientras cantas, y si eres una persona religiosa lo más probable es que antes de todas tus comidas hagas una pequeña oración. Hay un montón de razones culturales tras esta elección, pero también hay un increíble truco de magia que es posible sólo gracias a estos rituales: hacen que lo que comes tenga mejor sabor.

Si no eres del tipo de los rituales anteriores, puedes inventar uno tú mismo. Intenta susurrar tu rima favorita tres veces mientras sonríes ampliamente y miras a la pareja que está en la mesa de al lado, o haz la posición invertida mientras gritas: “Le dedico esta comida al dios de la locura y los conflictos”. No importa lo que escojas mientras te asegures de hacerlo antes de comer.

La razón por la que funciona:

El ritual hace que el alimento de una u otra forma parezca más importante. Así como cuando vez un tipo barbón salir de una limosina con 5 guardaespaldas, asumes que debe ser una estrella de rock.

Es por esta razón que cuando percibimos que una comida es importante, tendemos a sentir que tiene un mejor sabor. La mejor manera de lograr esto es hacer un pequeño “abracadabra” antes de ingerirla. Diversos experimentos que estudiaron alimentos que iban desde zanahorias hasta chocolate, verificaron esta teoría y comprobaron cómo el sabor de la comida cambiaba radicalmente. La alteración era tanta, que los sujetos de estudio no sólo disfrutaban más y se demoraban más en masticar, sino que también estaban dispuestos a pagar más.

En el caso de las zanahorias, el ritual (que no tenía nada que ver con algo religioso)podía incluso aumentar la anticipación que las personas sentían al pensar en la siguiente, a pesar de saber de antemano que sería tan sólo eso: otra zanahoria. Así es, este experimento logró hacerlas algo totalmente deseable, si eso no es magia, no sabemos qué es.

5. Decir ‘¡Estoy emocionado!’ Reduce el stress


Antes que todo, queremos disculparnos por esta, porque de verdad suena como esos consejos de “Sé positivo” que escuchas en seminarios de Recursos Humanos en la oficina. Pero aun así, parece que tienen razón.

Todos tenemos esos momentos terribles en el trabajo: quizás estás contra el tiempo y haciendo un trabajo difícil, tienes un turno demasiado largo, o de la nada te ponen un examen difícil del cual depende todo tu semestre. Es algo que le pasa a todos, donde tu peor enemigo es el pánico que sientes. Rara vez podemos trabajar a nuestro 100% cuando estamos totalmente asustados. Y aquí es justamente donde deberías parar y decir que estás “emocionado” con el desafío que se viene en vez de “totalmente asustado”, como si decírtelo a ti mismo pudiese realmente bajar tus niveles de stress y mejorar tus niveles de rendimiento.

La razón por la que funciona:

Según Alison Wood Brooks, de la Universidad de Harvard, decir ‘¡Estoy emocionado!’ antes de algún evento estresante (sí, tienes que decirlo en voz alta) ayuda a cambiar la manera en que ves las cosas y a tener una perspectiva más positiva. Una vez que tomas el camino positivo, el stress se reduce significativamente y hace que tengas un mejor rendimiento en casi todas las áreas: sea hablar en público o el trabajo en general.

Extrañamente, si hay algo que no funciona es intentar calmarte o decirte a ti mismo que no hay nada que temer. Aparentemente ese es el secreto: la investigación de Brooks descubrió que esta técnica funciona porque no niega la ansiedad que se siente, sólo intenta enfocar tu atención en algo más positivo.

6. Añadir una razón a las cosas que pides es un truco mental Jedi


Imagina que estás en la fila para comprar café en Starbucks. De la nada, un hombre vestido de terno y que parece tener muchas cosas que hacer te pregunta: “¿Te importaría si tomo tu puesto?”. Una semana después, otro tipo muy parecido hace lo mismo, excepto que está vez te dice: “¿Te importaría si tomo tu puesto? Es que realmente necesito un café”. ¿A cuál de los dos le dirías que no?

Por supuesto, tu respuesta es “a los dos, y si intenta hacer algo lo golpearé”. Sin embargo, lo más probable es que si se encontraran en este escenario un 93% de las personas dejarían que el segundo tipo se metiera en la fila sólo porque les dio una razón. Incluso si el motivo no le añade ningún sentido especial a la situación. No es como si hubiese sido alguien vestido de cirujano diciendo que estaba apurado porque debía ir a operar a alguien del corazón. Sólo con añadir una razón, incluso si estaba diciendo algo obvio, funcionó de maravilla.

La razón por la que funciona:

La clave es que sólo funciona con cosas que no requieran mucho tiempo o esfuerzo de la otra persona, porque usualmente se resisten si les das tiempo para pensarlo. Sin embargo, en nuestro día a día la resistencia que oponemos es bastante baja. Por ejemplo, piensa como te trasladaste al lugar en el que estás ahora: lo más probable es que no tuviste que pensar mucho, quizás era una ruta conocida así que tu cerebro le puso el piloto automático a tu cuerpo, mientras pensaba en otras cosas que te gustaría estar haciendo. Si bien esta es una herramienta importante del cerebro, también nos hace más vulnerables ante la manipulación.

Cuando el cerebro usa este piloto automático, nuestro razonamiento se vuelve más simple, llegando incluso al punto en el que cualquier razón para hacer algo es aceptable. La pregunta “¿Te puedes mover un poco para la izquierda para que mi orangután espacial pueda pelear mejor contra el tipo que está a tu lado?”, se convierte en “¿Te puedes mover un poco para la izquierda porque [inserte razón aquí]?” y nos condiciona para responder automáticamente que sí y no pensarlo dos veces. Si el favor que se pide es más grande o más incomodo, probablemente nuestro autopiloto intente alertarnos, pero aún así si la razón que se presenta parece razonable, es más probable que aceptemos.